El primer contacto con el arco fue a los cinco años cuando su papá y hermano más grande jugaban al fútbol y lo ponían debajo de los tres palos porque no había otro. Siempre le gustó la idea de revolcarse y, desde esa primera vez, Ezequiel Romero se obsesionó con ser el guardián del arco.
Su tarea no es fácil y él lo sabe. En un segundo, un suspiro, puede cambiar su tarde y pasar de ser héroe a villano. Por eso piensa que el arquero tiene que ser regular y estar loco. “Debes ser equilibrado, pero también tener que estar loco. No sirve un arquero que tapa 10 pelotas en un partido y en el otro se come dos goles pavos”.
¿Por qué tienen que estar “locos”?
Por el hecho de que sos la última opción y tenes que estar dispuesto a tirarte, golpearte la cabeza con el piso, quebrarte un dedo. Además, tenes que lidiar con muchas cosas. Pasas de ser el héroe a ser el villano en un segundo. Festejas solo los goles como un pavo.
¿Qué sentís cuando te hacen un gol?
Frustración. Uno quiere terminar el partido con el arco en cero, por más que a veces no sea el responsable, sentís que algo te faltó, que podía haber estado dos pasos más allá o haberme tirado antes. Siempre algo te vas a cuestionar.
Te costó mucho llegar a Primera…
A mí me tocó estar mucho tiempo en el banco cuando era muy joven y al no tener la mayoría de edad, no podía atajar en Reserva y Primera. Así que iba sólo al banco de Primera. Ahí está la competencia leal de la que hablamos, que por más de competir por un puesto, tenes que acompañar al que está arriba.
Te consolidaste, pero no fue lo que esperabas…
Atajé dos temporadas seguidas en Primera y cuando vino Osvaldo Ariznabarreta–el Polaco- no me quería. Fue duro. Me dolió que me hayan venido a buscar clubes importantes y el club no quiso dejarme ir porque querían mantenerme. Igual sirvió porque estuve en Avellaneda –campeón-, Unión San Vicente, Escuela Presidente Roca.
Si estabas bien afuera, ¿Por qué volviste?
Estuve mucho tiempo afuera, me cansé. Tenía ganas de volver y dar una mano para ascender nuevamente. Es lindo ver para atrás y decir “yo estuve en ese equipo que ascendió”. Quedamos en la historia con ese grupo de jugadores.
Pasaste por varias etapas de Atlético, ¿Cómo lo ves ahora?
Es algo increíble ver al club crecer de la manera que lo hizo. A veces, uno viene entrenar a la cancha de sintético y no valora lo que realmente es. Yo lo disfruto al máximo. Ojala que nos podamos dar una alegría más y llevar al club al Federal C.
¿Es imposible?
Es un sueño, pero se puede hacer. Hoy en día el club tiene todo para jugarlo y aspirar ascender al Federal B.
¿Te sentís referente?
Hoy en día soy uno de los más grandes. No sé si me siento referente, pero es lindo que te respeten y trato de dar el ejemplo.
¿Uno juega como vive?
Yo trato de dejar todo. Estudio, trabajo y entreno, es un sacrificio importante. Y en la vida soy igual. Nosotros entrenamos como profesionales, a veces se hace difícil, tenes que dejar a la familia y dedicar horas de tu vida al fútbol.
¿Estudias a los rivales?
Cuando me toca jugar con equipos que conozco, sí. Si no conozco me pongo a buscar por internet los resúmenes de los partidos anteriores. Todo suma. No es bueno llegar y ver con que te vas a encontrar.
¿Pensas que tu estatura te jugó en contra?
Fue algo con que siempre tuve que lidiar. Ir a la cancha y que me griten petiso, pero así y todo pude jugar en una liga muy imporante como lo es la Liga Cordobesa, un Federal y hasta entrenar con un equipo de B Nacional –Ben Hur-. Los técnicos buscan arqueros altos, yo trato de mejorar otros aspectos.
¿Estás contento con tu carrera?
El fútbol nunca fue mi prioridad. Obviamente que siempre tuve ese sueño de llegar a Primera, pero en mi familia siempre me inculcaron que lo primero era el estudio y trabajo. Lo que quise hacer, lo pude hacer. A veces veo la tele y pienso en probarme en una categoría más arriba para ver si me da.
FOTO: Yanina Florencia Aguirre