Es olímpico. El trabajo de años quedó plasmado en las aguas de San Isidro y el premio fue la envidia de muchos y el placer de pocos: representar a Argentina en unos Juegos Olímpicos. Las mayores promesas del deporte mundial estarán en Buenos Aires en octubre en el marco de los terceros Juegos Olímpicos de la Juventud y la celeste y blanca en el windsurf masculino será llevada por Belisario Kopp.
Su entrenador en todo este proceso, Martín Berardo, contó su felicidad tras el logro: ''Fueron tres años de mucho entrenamiento, sacrificios, objetivos cumplidos, campeonatos nacionales e internacionales, lesiones y viajes a Buenos Aires a entrenar para lograr esta meta. Todo esto tampoco hubiera sido posible sin el apoyo de nuestras familias, parejas, amigos, etc''.
No es el primer gran fruto de Berardo como coach. En el Campeonato Mundial de RS:X de Cádiz (España), ''Tincho'' comandó a su compañera de tablas durante tantos años, Jazmín López Becker, para que consiga la clasificación a los Juegos Olímpicos de Londres 2012 con sólo 19 años.
''Tantó Belisario como yo estamos a partir de ahora enfocados en un sólo objetivo: los Juegos Olímpicos de la Juventud. Y -por qué no- soñar con un podio. Hoy estamos dentro de los seis primeros países del mundo. Hasta octubre tenemos el Sudamericano en Perú, el Europeo en Sicilia y los Mundiales de Texas y Letonia'', agregó Berardo haciendo hincapié en los próximos pasos rumbo a Buenos Aires 2018.
Finalmente, fueron más de 25 puntos los que separaron al timonel del 400 Yacht Club Córdoba en el Selectivo Nacional de sus perseguidores. Una enormidad pensando en que los evaluativos consistieron en dos eventos con flotas de menos de 10 personas y en que sus tres rivales a vencer por la plaza eran tres juveniles del Club Náutico San Isidro.
''La verdad es que trabajamos muchísimo. Desde hace bastante, siempre tuvimos en la cabeza metido el tema de los Juegos Olímpicos y finalmente llegaron. Hemos armado un buen equipo y vamos a trabajar a fondo para lograr el mejor resultado en los Juegos. Ésto no fue casualidad. Desde agosto que venimos a San Isidro cada 15 días. Nos rompimos el alma'', conluyó Berardo. A veces, romperse el alma tiene sus frutos.